Gracias al Patronazgo Misionero podemos ayudar a los misioneros, manifestando así nuestra benevolencia y corresponsabilidad en la obra misionera de la Iglesia. El patronazgo misionero sobre uno de nuestros misioneros puede ser también una de las muchas formas de obras de misericordia o de penitencia.
Al incorporarnos al Patronazgo Misionero, tenemos la posibilidad de elegir varias formas de ayuda espiritual y material. Podemos escoger a un misionero concreto o las obras que lleva adelante (por ejemplo, la dirección de una escuela) y sostener tanto la obra como al propio misionero mediante: la oración diaria, la recepción frecuente de la Sagrada Comunión, la ofrenda de los sufrimientos y cruces de la vida cotidiana. Además, el padrino misionero puede, en la medida de sus posibilidades, destinar una ofrenda voluntaria para su sustento y para financiar las tareas que emprende.
El apoyo económico en favor del misionero puede enviarse como aportación única o de otro modo más conveniente.




